generando un bloque disperso de sónido que se transforma en piedra sólida que se te hunde en el dedo gordo del pie izquierdo.
Los asociados en la oficina me suelen contar historias de buenas noches,
La impresora escupe sus buenos días.
Y el hombre grita alegremente al descender los 79 escalones del edificio de manera contorsionada y violenta. Las majas hacen su coro angelical a la entrada del maletín.
Buenas noches búho,
Narrame el braile de este bosque y sus pasajes secretos,
Para que yo pueda encantar a la doncella bajo la lúz negra,
Qué el alchol revele sus alquimias bajo las notas de La menor,
Y el baño incesante del dióxido de carbono,
Que desvanece tu cara,
Bajo vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes,
Y vendajes.
No hay necesidad de un análisis post-esto y post-otro.
Solo somos los cubanitos en su madrígal.
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